¿Quién es Kai?

Publicado: mayo 17, 2016 de Kai en Sin categoría

Me veo en la obligación de revelar mi identidad para decir esto…

Mi actividad en el blog ha ido de mal en peor, creo que es bastante evidente. No obstante, nunca he dejado de escribir, solo que cosas más largas, y hace un tiempo presenté una de esas historias a un concurso. No gané, pero la editorial se ha puesto en contacto conmigo y me ha ofrecido publicar el libro.

Sin embargo, como soy un escritor novel y la editorial, Tandaia, es bastante joven, me dijeron lo siguiente: antes de hacer una primera tirada tengo que pasar una prueba de crowdfunding. ¿En qué consiste la prueba? A grandes rasgos, en que un mínimo de 40 personas (aproximadamente) reserven el libro; si el objetivo no se cumple, el dinero se reembolsa. Una tarea bastante complicada, pero tenía que intentarlo.

De modo que lo que hoy os traigo es la sinopsis de lo que podría ser mi primer libro si consigo que suficiente gente se interese:

“Dos almas heridas se encuentran y forman un vínculo; no las une el amor, ni una aventura… ni siquiera la amistad. Las une la violencia. Después de acordar unas reglas, empiezan un Juego que se vuelve cada vez más cruel y peligroso, aunque también más adictivo. Un día a la semana dejan de ser ellos, dejan todo atrás y se convierten en depredadores.

Carlos es uno de los creadores del Juego. Para él, ponerse una máscara y salir de madrugada en busca de una presa resulta más fácil que afrontar ciertas situaciones del día a día. Sin embargo, jugar al Juego no hará que desaparezcan sus padres, ni sus compañeros de clase… Si acaso, hará que aumente la oscuridad que hay en su interior.”

Si a alguien le interesa, puede reservarlo en este enlace: https://www.indiegogo.com/projects/el-juego-de-pandora#/, en el que viene mucho mejor explicado eso de la campaña pre-tirada y, también, cómo me llamo y quién soy. Creo que la causa merece dejar atrás el anonimato.

Y, en fin, sobra decir que llevo escribiendo desde los 14 o así, y que esto me hace una ilusión enorme, y que todavía lo estoy asimilando, y que me asusta de algún modo… Aunque, sobre todo, me emociona.

Jueces de lo inefable

Publicado: noviembre 15, 2014 de Kai en Sin categoría

Un infinito acotado, una cantidad carente, una espiral sin curvas…

En un universo así, la Luz es incapaz de alcanzar a la Oscuridad. Nunca lo ha hecho, ni lo hará. Porque es demasiado lenta, porque es, al fin y al cabo, imperfecta. Pero hay necios que tienen esperanza. No humanos, ni animales, sino entes errantes, entes que rebosan confianza.

Pero se equivocan. Oh, se equivocan tan estrepitosamente. Porque la Luz no es Luz sin Oscuridad; y la Oscuridad no puede ser otra cosa que vehemente. La eterna disputa entre dos fuerzas que se atraen y se repelen, la eterna lucha entre dos entes inexistentes. Concebidas, únicamente, en la mente humana, tras el intento, caótico y fútil, de una vida equilibrada.

Existir no tiene sentido. Para algunos es un castigo, para otros un simple camino. En cualquier caso, juzgar uno u otro es inservible. Aunque no hacerlo, inadmisible. Porque no hay ente, ni humana ni animal, que no sea juez, que no emita veredictos. Claro que se trata de jueces sin motivos, sin razones ni criterio: jueces sin objetivos. Pero es la diversión del saber, la necesidad de comparar, lo que impera. Nadie se refrena…

Un primer contacto basta. Y es aborrecible, es una costumbre nefasta.

Pero inevitable. Tan inevitable como lamentable.

Insensibles

Publicado: marzo 18, 2014 de Kai en Sin categoría

El humo me ennegrece las entrañas y el fuego me abrasa, pero, a pesar de todo, sigo de pie, contemplando la incineración.

Los de mi alrededor, partícipes de la catástrofe, sonríen. No están preocupados. Nacieron así: insensibles. Pero yo empiezo a notar cómo se me estrecha el estómago y cómo el sudor me recorre casi todo el cuerpo. ¿Es un síntoma de la culpabilidad? No, no debe serlo… Porque tengo que equipararme a ellos; tengo que ser exactamente igual que ellos. Y eso implica no sentir nada al ver estas cosas, al ver muerte y destrucción.

Convertirme en un insensible; esa es mi meta. O, de lo contrario, estaré condenado a recibir ofensas, a pertenecer a esa minoría con sentimientos que todo el mundo detesta y aborrece. Así que, pase lo que pase, debo adaptarme.

He de ser otro producto de la sociedad donde habito.

Maniquíes

En ruinas

Publicado: marzo 18, 2014 de Kai en Sin categoría

Contemplo las ruinas de lo que fui, las ruinas de un lugar que me cuesta reconocer. Es culpa del tiempo; él me ha arrebatado de la memoria cada piedra, cada planta, cada persona…

Me acerco a un edificio y observo las piedras. No deberían estar así… no quiero que estén así. De pronto, lo veo claro: tengo que reconstruirlo. Me niego a creer que ese yo, que este pueblo, esté destrozado. Así que me pongo a ello y, piedra tras piedra, formo un muro, y otro, y otro… 

Pero es demasiado trabajo; no quiero desistir, pero es demasiado. Me paro un momento y miro en derredor. Estas calles están plagadas de recuerdos, y los veo ir y venir como escenas borrosas que se superponen a la realidad. ¿Por qué las guardo con tanto fervor? ¿Por qué quiero ser alguien que ya no soy, que ya no existe…?

Justo entonces aparece alguien, apoya su mano en mi hombro y dice: “Estos cimientos nos servirán para construir cosas magníficas. Pero deben ser nuevas, mejores que las que se vinieron abajo, y las harás con nuestra ayuda… Nunca solo”.

Asesino.

Publicado: junio 28, 2013 de Kai en Sin categoría

Tres balas incrustadas en el pecho.

Doy un paso hacia la muerte, hacia el rostro efímero y oscuro que hay más adelante. Mis piernas se tuercen y el suelo me reclama, pero me sostengo. Saco fuerzas de mi dolor y evito la caída. Eso tendría que haber hecho todos estos años…

Otro paso, más desesperado, más agonizante. Se me retuercen las entrañas, siento una opresión que antes no sentía y que me obliga a llorar. ¿Es algo físico… O emocional? Si pudiera volver atrás, si pudiera decir adiós.

Sigo, y bulle tanta sangre de mi abdomen que mi piel palidece en un segundo. Quiero acabar, como quien acaba una carrera. ¿Mi puesto? El último… Pero, ¿qué más da? Al menos he participado. Me tambaleo otra vez y mis rodillas se clavan en la piedra. Anhelante, poso una mano sobre el suelo, pero resbala con mi propia sangre y me empuja hacia él.

Y cuando mi cabeza sufre el contacto de la fría tumba y la cálida vida, sé que me miento. Lo importante no es participar, no es haber tenido la oportunidad de vivir… Lo importante es cómo, y mi cómo es decepcionante.

Coloco las dos manos en pos del pecho y contraigo los músculos. “Arriba, maldita sea. Eres un blandengue”. Mis extremidades vuelven a deslizarse por el líquido rojo y siento un espasmo. Por el dolor, por la muerte, por la oscuridad… por todo. Realizo un mayor esfuerzo y logro ponerme en pie.

Ahí está, sonriente, feliz: mi enemigo, el mismo que me ha atravesado con su odio. Llego hasta él y lo miro a los ojos. Es despreciable, la cosa más mísera e insignificante del mundo. No merece nada de lo que pueda tener, ni respirar… Aunque lo que le digo no se parece en nada a todo eso:

– Te quiero -mi voz suena inerte, como el murmullo de una sombra.

Me escucha, veo su máscara. Fin. Cierro los ojos… Este es el final, el final del recorrido. Hago que mi cuerpo caiga sobre el suyo, obligo a mi asesino a padecer un último remordimiento, si es que es posible. Y entonces, me abraza. Y llora. Y me susurra algo.

Una de sus lágrimas, fría, diminuta, frágil, me moja el rostro al completo, lo unge en una pesadumbre horrorosa. Nunca debí hacerlo. Nunca debí pegarle. Me quería.

Y por fin, me apago…

Emociones difusas.

Publicado: marzo 12, 2013 de Kai en Sin categoría

El dolor…

Cuando abandonas las cosas que te hacen sentir bien. Que un día, lo fueron todo. Cuando olvidas quién eres y qué haces. Cuando intentas huir de situaciones que aborreces y te topas con paredes invisibles, tejidas, tal vez, de desesperanza. Cuando no hayas más que incertidumbre y pena.

El odio…

Cuando todo lo que te rodea es oscuridad. Negra y tenebrosa oscuridad. Cuando sientes que ardes por dentro. Cuando despiertan en ti instintos violentos que jamás conociste antes. Cuando crees que la vida te pone a prueba. Cuando un rostro, una sonrisa… una palabra; son insoportables.

El miedo…

Cuando te tiemblan las piernas. Cuando empiezas a pensar que nada puede salvarte, que lo que vives sea, quizá, el fin de lo que viviste. Cuando no encuentras seguridad en ningún lado. Cuando te estremeces al pensar. Cuando puedes ver la muerte en cada esquina.

La rabia…

Cuando te menosprecian. Cuando no consigues lo que llevas años intentando. Cuando estás rodeado de hipócritas que escupen, sin cesar: “Sé lo que sientes”, “todo está bien”. Cuando correrías durante horas si tu cuerpo te lo permitiese.

El amor…

Cuando duele. Cuando odias. Cuando tienes miedo. Cuando sientes rabia.

Rimas sin sentido.

Publicado: marzo 3, 2013 de Kai en Sin categoría

Gente que va y viene, esperanzas que perecen. Corazones que se parten, que se resquebrajan y palidecen.

Parentescos erosionados, rotos, descuidados. Hogares que renacen, que resisten; amparados.

Situaciones forzadas, divertidas… incoherentes. Catástrofes dispuestas a quedarse, a prosperar sin alicientes.

Carantoñas inocentes, o extrañas o torpes. Figuras roídas, decrépitas y deformes.

Párrafos vacíos… Llenos de hastío.

Imagen

El mar de los errores.

Publicado: diciembre 19, 2012 de Kai en Sin categoría

 

El piano resulta muy alentador.

Tanto, que te empuja a un estado emocional que desearías que no existiese. Sí, es verdad… eso no es alentar. Pero esto no trata de definiciones exactas, de tomarse todo al pie de la letra. La escritura es ambigua, como la poesía, y una frase puede encerrar una veintena de significados diferentes.

Y de eso, precisamente, trata la vida. De palabras equívocas, palabras que no podemos retener y que lamentamos el resto de nuestra vida. Deseamos cambiar las cosas, cambiar a la gente, cambiarla a mejor. ¿Y qué obtenemos? El resultado opuesto.

Todas esas palabras, esas que no deberían haberse formado en el limbo de nuestro pensamiento, perecen en el mar de los errores. Y se estancan allí a la espera de que alguien más cometa la misma infracción. Porque se vuelve a cometer, por supuesto. Es entonces cuando salen, gloriosas, e infligen el mismo dolor. Es como un círculo vicioso, uno en el que ninguna parte se siente totalmente satisfecha.

Pero esas no son el único tipo. Hay otras, palabras que no mueren, y que acaban formando párrafos delirantes y sin mucha lógica. Párrafos que, en sí mismos, encierran un error. Párrafos que tal vez no debieron escribirse nunca, que solo conllevan un alivio emocional del autor, un alivio bastante nimio dada la magnitud del sentimiento en sí.

Párrafos como estos…

Promesas perdidas.

Publicado: septiembre 7, 2012 de Kai en Sin categoría

Y, finalmente, llega el día en el que se rompen todas las promesas.

Ese lugar -real o no- que iba a uniros para siempre se deja a un lado, a un segundo plano; y la conexión desaparece. Esa designación tan peculiar, ese nombre que solo tú y esa otra persona compartíais, pierde su utilidad y queda en el olvido. Ese futuro, el que con tanta emoción queríais vivir juntos, se relega al presente y al pasado.

Porque siempre llega ese día, ese aciago día en el que no se rompen solo las promesas, sino la relación. Y ese “para siempre” se transforma en un “hasta siempre” y los “te quiero” en “te quise”.

¿Dónde quedan los días de risas, de charla, de secretos, de diversión…?

¿Dónde…?

S.

Publicado: agosto 12, 2012 de Kai en Sin categoría

Seis de la mañana. Aquí estoy de nuevo, aunque igual de marginada que siempre.

¿Sabéis cuál es el problema? Que ser una sombra no sienta bien. Todo el mundo hace lo mismo: se cubre en mí cuando lo necesitan o admiran a la figura que me da forma. El resto de ocasiones es como si no estuviese e, incluso, resulto invisible. Vivo de forma efímera, unas doce horas, y desaparezco por completo al anochecer.

Mi sueño es ser como mi creador, un cuerpo tridimensional con sus propias reglas. Son tan grandes, tan reales, tan nítidos… Y tienen sentidos. A veces le veo moviendo algo en su rostro, unas líneas rojizas que yo no tengo. ¡Y su tono de piel! Cómo lo envidio. El mío es apagado, negro, feo.

A veces me reúno con otras sombras y ocurre algo que denominamos “superposición”. No es agradable, pero tampoco doloroso. Es como si, por un instante, pensases doble.

Aunque, un segundo… ¿qué es esto? Yo no tengo nada, no tengo corazón ni pulmones, no tengo ojos ni oídos… no tengo cerebro.

Entonces, ¿de dónde provienen estas palabras?